Con un impacto económico global estimado de 54,000 millones de euros, con casi el 80% concentrado en Europa (Italia, Países Bajos y Alemania), la industria de la construcción marítima enfrenta requisitos medioambientales cada vez más estrictos.

Esa fue una de las conclusiones durante el 18º Simposio Empresarial - La Belle Classe Superyachts, en el Yacht Club de Monaco, que reunió a figuras clave de la industria náutica para debatir los cambios económicos que darán forma al sector de aquí a 2035.

Como parte de la iniciativa 'Monaco, Capital of Advanced Yachting', se destacó una conclusión compartida: la transición medioambiental se ha convertido en un factor clave en la configuración de los modelos económicos de la industria náutica, tratada bajo tema “Yachting 2035: transformación económica del sector en respuesta a nuevos estándares medioambientales”.

Al abrir los debates, Francesca Webster, editora jefe de SuperYacht Times, comentó que actualmente hay en operación 6,200 yates de más de 30 metros y una cartera de pedidos sólida, confirmando que el sector de los superyates mantiene su resiliencia estructural. “Tras un primer semestre de 2025 inestable, marcado por la incertidumbre económica y política que provocó el estancamiento del mercado y una menor actividad, el impulso se recuperó gradualmente”.

Esta tendencia refleja un mercado cada vez más grande, especialmente en el segmento de más de 80 metros. También pone de relieve un cambio en el equilibrio entre obra nueva, intermediación y actividad de rehabilitación.

El mercado de la restauración tiene un impacto económico estimado de 5,600 millones de euros, “el 71% del cual proviene de actividades indirectas, como proveedores, servicios, alojamiento, logística y aprovisionamiento, lo que genera importantes beneficios para las economías locales”, agregó la experta. El impacto económico global del corretaje y el fletamento representa 1,100 millones de euros. 

  • Industria moldeada por fuerzas macroeconómicas. Maximilian Kunkel, director de inversiones de UBS, estructuró su análisis en torno a cinco fuerzas a largo plazo: demografía, desglobalización, descarbonización, digitalización y deuda.

El envejecimiento de la población, que se está produciendo tanto en las economías desarrolladas como en ciertos mercados emergentes, está agravando la escasez de mano de obra e impulsando la inversión en automatización, robótica y tecnologías que mejoran la productividad. La descarbonización y la digitalización están redefiniendo fundamentalmente los modelos económicos, transformando los modos de producción, trabajo y consumo.

Al mismo tiempo, los niveles históricamente altos de deuda pública y privada limitan el margen de maniobra de los gobiernos y están transformando el entorno financiero.  

  • Normas 2035: Una nueva realidad económica. El horizonte regulatorio de 2035, está firmemente arraigado en la toma de decisiones actual de la industria.Nathalie Hilmi, experta en macroeconomía, finanzas internacionales y desarrollo sostenible, ofreció información sobre la rápida evolución de los marcos regulatorios europeos e internacionales. “La regulación ambiental ya no es una preocupación futura ni un tema profesional recurrente. Ahora es un motor económico estructural. Las emisiones ya no son un costo externo; se están convirtiendo en un pasivo financiero que afecta directamente a los márgenes operativos”.

En un sector donde la actividad de nueva construcción genera un impacto económico estimado de 20,000 millones de euros, la adaptación a las normas ambientales representa un reto estratégico que va mucho más allá del mero cumplimiento.

“La navegación en 2035 se verá determinada tanto por cómo modernicemos la flota actual como por lo que construyamos en el futuro. Invertir en la huella ambiental de un yate mediante su reacondicionamiento ayuda a proteger su valor a largo plazo, a la vez que cumple con los estándares más exigentes y las expectativas cambiantes de los propietarios”, comentó Txema Rubio, director comercial del Grupo MB92.