La conversación sobre movilidad eléctrica en el mar dio un salto cualitativo. El ferry hidroala Candela P-12 ha completado lo que se considera el viaje marítimo eléctrico más largo realizado hasta ahora: 160 millas náuticas (296 km) a lo largo de la costa oeste de Suecia hasta Oslo.
Más que una travesía simbólica, la misión buscaba enfrentar uno de los principales prejuicios de la industria: que los navíos eléctricos de pasajeros están condenados a rutas cortas, cerradas y dependientes de infraestructura de carga costosa y específica.
El desafío no era menor. Aunque en la capital noruega ya operan varios transbordadores eléctricos de alta velocidad, la pregunta era si esta tecnología podía sostener trayectos interurbanos de mayor alcance sin convertirse en rehén de estaciones de carga dedicadas o inversiones multimillonarias en red eléctrica.
La respuesta del P-12 está bajo la línea de flotación. Equipado con alas sumergidas controladas por computadora, el ferry se eleva sobre el agua al superar los 20 nudos. Al “volar” sobre la superficie, reduce drásticamente la fricción hidrodinámica, lo que –según la firma– disminuye el consumo energético hasta en un 80% frente a embarcaciones convencionales de tamaño similar. Esa eficiencia es la clave que permite combinar velocidad y autonomía en un mismo concepto operativo.
El recorrido se completó en tres días, con escalas para demostraciones y recargas. La tripulación utilizó la red de carga rápida de corriente continua existente en Suecia mediante estaciones de Aqua SuperPower, y en los puntos donde no había infraestructura fija disponible, recurrió a un sistema de baterías remolcable suministrado por Skagerak Energi. Esta flexibilidad operativa apunta a uno de los grandes cuellos de botella de la electrificación marítima.
“La infraestructura de carga es el costo oculto de electrificar los buques convencionales”, explicó Gabriele De Mattia, ingeniero principal del proyecto. En muchos entornos, especialmente donde la red es débil o poco desarrollada, instalar cargadores a escala de megavatios puede igualar o incluso superar el costo del propio navío. El P-12, en cambio, apuesta por una combinación de eficiencia extrema y compatibilidad con redes ya existentes, reduciendo la necesidad de desarrollos ad hoc.
Detrás del proyecto está Candela Technology, con sede en Estocolmo y fundada en 2014 por el ingeniero y empresario Gustav Hasselskog. Su misión es clara: acelerar la transición hacia lagos y océanos libres de combustibles fósiles mediante embarcaciones eléctricas que no solo igualen, sino superen el desempeño de sus equivalentes térmicos.
El mensaje es contundente: la electrificación marítima ya no es un ejercicio experimental confinado a lagunas o trayectos urbanos cerrados. Con tecnología de hidroalas, gestión digital avanzada y soluciones de carga inteligentes, el transporte eléctrico de pasajeros comienza a conquistar distancias que hasta hace poco parecían exclusivas del diésel. El futuro, al parecer, no solo es eléctrico: también vuela sobre el agua.