Aventura amazónica y el país moche

Descubrir Cuzco y Machu Picchu es la aventura clásica en Perú, que lleva al lago Titicaca y a las intrigantes figuras de Nazca. Quería investigar la otra cara de ese país rico en historia, vestigios y sorprendentes ecosistemas; intricarme en un mundo del cual se habla poco y que me sorprendió, fascinó y conquistó; un lugar en donde surgen las fabulosas pirámides de adobe, el verde de la Amazonas y la impresionante costa norte.

 

Iquitos

Cuando finalmente el avión de Lan perforó las espesas nubes que sobrevuelan la región amazónica, descubrí la ciudad de Iquitos, rodeada por tres ríos, el Nanay, Itaya y Amazonas, y el calor húmedo del trópico. Sus calles sudan por el ardor del aire; las manadas del motocarro taxi corren a través de ellas invadiendo el ambiente con un ruido infernal; la gente pasea con desenvoltura en el malecón o en el embarcadero Bellavista Nanay donde los pescadores llevan a vender su pescado o donde se comen los famosos Suri, ésas enormes larvas de coleóptero amazónico llamado Picudo Negro y que se sirven en brochetas.

De aquí nos embarcamos en una pequeña lancha para visitar el apacible Pueblo Barrio Florido y visitar el jardín exótico con sus caimanes, la laguna donde flotan las inmensas hojas de la Victoria Regia, ese enorme nenúfar de flores blancas, y donde nadan los Paiches (Arapaima Gigas), el segundo pez de agua dulce más grande del mundo que puede llegar a superar los 3 m de largo y pesar hasta 250 kg. Visitamos el centro de rescate del Manatí donde redimen esos mamíferos de agua dulce. Son preciosos y encantadores y se consideran en la región como las legendarias sirenas del Amazonas.

 

 

 

Situada a 3 mil km del mar, la ciudad conserva un aire de antaño, reminiscente al apogeo del caucho, a finales del siglo XIX, cuando las personas se volvía millonarias con la explotación del hevea y construían bellas mansiones en Iquitos. Un ejemplo es Carlos Fitzcarrald, comerciante peruano, que inspiró la película Fitzcarraldo, de Werner Herzog, donde el personaje titular,magnate del caucho, estaciona un barco por encima de una colina en plena selva, todo con el fin de recaudar dinero y construir una ópera en la jungla. La casa Fitzcarraldo adorna el malecón Tarapacá y es un excelente restaurante, el ex hotel Palace luce sus azulejos y sus balcones de antaño, cuando la casa Cohen era una tienda y la casa de Fierro llegaba a Iquitos. Esa casa, diseñada por el francés G. Eiffel, fue construida en Bélgica, exhibida en la exposición internacional de París en 1889, comprada por el cauchero Baca Diez, socio de Fitzcarrald, y frente a la imposibilidad de llevarla más allá del río Ucayali, la vendió a Anselmo Aguilar quién la armó en la plaza de Armas de Iquitos. Las historias de esa gloriosa época me hacían soñar mientras descubría las antiguas mansiones, el barrio de Belén con sus casas construidas sobre pilotes, el mercado con sus productos medicinales de la selva o cenando en el restaurante flotante “Al Frío y al Fuego”.

Finalmente abordé el elegante barco “Aqua” de 12 suites para navegar por la selva, gozando de un maravilloso camarote, de la excelente comida del chef Pedro Miguel Schiaffino, así como de los fantásticos guías y el staff del barco.

 

 

Navegando por el Amazonas

El primer día exploramos en lancha el canal Huaysi y el río negro Tahuayo hasta llegar a lago Charo, observando la vida de los pescadores y los pájaros; mirlos, halcones, canoras tropicales, monos y perezosos. En este sitio fue dónde el barco “Aqua” comenzó su recorrido y tuve la oportunidad de pescar mi primera piraña. En el primer recorrido me sentía Fitzcarraldo desde la pasarela superior, observando como desfilaba el infierno verde. Alcanzamos las islas Yacapana donde habitan muchas iguanas, observando los delfines grises y rosados. La gente cree que si uno toca una iguana se convierte en una, por eso nadie las molesta. Igualmente, dentro de las leyendas populares del Amazonas se pretende que los delfines se convierten en humanos y se llevan a hermosos hombres y mujeres de los pueblos. El sol reflejó esa tarde un espléndido arco iris que me permitió soñar con las leyendas de la selva, mientras degustaba un pisco sour navegando río arriba hacia el nacimiento del río Amazonas, donde los ríos Marañón y Ucayali se unen para formarlo.

El segundo día visitamos el protegido bosque primario, donde se controlan los nidos de tortugas; uno de los encantos que se pueden apreciar aquí son los bellos árboles, los insectos, las aves, los monos, entre otros. El tercer día, después de llevar a cabo una excursión matutina en lancha hacia el lago Yurucuche pude observar una fauna y flora espectaculares, ya que el Aqua surcó los linderos de la reserva nacional Pacara Samiria, atravesando la selva y permitiendo que todo, sonidos, aromas y panorama, se conjugaran en una experiencia natural sin igual. Posteriormente, al alcanzar el nacimiento del río Amazonas, donde los 2 rios forman una impresionante caída de agua y me imaginaba cómo Fitzcarraldo buscaba pasar los peligrosos de los rápidos. Finalmente visitamos Puerto Prado para conocer las tradiciones de la gente local y comprar algunos de sus raros y hermoso collares hechos con escamas de pescados (pez gato acorazado), plumas y semillas. Donde después, de la excelente comida disfrutamos del pueblo comerciante de Nauta, que se encuentra al final de la única carretera de la región que lo une a Iquitos.

 

 

El cuarto día amaneció mientras estábamos navegando por el majestuoso río Ucayali, el tributario más largo del Amazonas, y en la lancha observamos las laderas donde descubrimos un perezoso, unos hoatzines y oropéndolas. Caminando por la selva alcanzamos la aldea Magdalena donde viven diez familias con loros y monos como mascotas. Sin embargo continuamos en el camino para llegar al lago Yanallpa para observar la Victoria Regia en flor, cerca de las ceibas y de los heveas. Navegando observábamos los balseros bananeros, los pescadores en sus lanchas, unos lancheros que se dirigían a los centros de comercio. Gozamos de un espectacular atardecer cargado con las nubes amenazantes que jugueteaban con la luz del sol.

El quinto día amanecimos con la neblina que absorbía la selva y visitamos una pequeña aldea donde era día de escuela, observamos la preparación de los alimentos que llevan siempre pescado, el guía nos enseñaba los árboles medicinales mientras unos monos titi de carita blanca nos observaban y los pájaros alegraban el escenario. Navegando río arriba llegamos a la desembocadura del río Pacaya donde pudimos observar los delfines grises y a los inusuales delfines rosados.

Al momento de registrarnos en la oficina del guardabosque navegamos en lancha por el río Pacaya hasta el lago Yanayacu. En este trayecto pudimos ver: perezosos, loros, monos frailes, monos capuchinos y aulladores, unas cigüeñas y los hoatzines. Sin embargo, el único atractivo de este recorrido no fue la hermosa selva del Amazonas, sino la deliciosa comida que probamos en la cena de esa noche.

 

 

 

En el sexto día navegamos por el mismo Pacaya, observando la fauna y la flora, y nos detuvimos para pescar unas pirañas anaranjadas que muerden al anzuelo con sorprendente rapidez. Después del almuerzo, dejando los delfines atrás, empezamos nuestra navegación río abajo hacia Iquitos, que alcanzamos a la mañana siguiente. En la tarde visitamos un pequeño río bajo la lluvia y nos reconfortamos con la exquisita cena de despedida con la sorpresa de descubrir que nuestra tripulación formaba una pequeña fiesta para nosotros.

Amanecimos en Iquitos, donde con nuestra lancha navegamos por el río Momón para interactuar con la tribu de los Boras que mantiene sus raíces y tradiciones, ofreciéndonos un baile típico y sus artesanías. Después de la comida, abandonamos el Aqua con tristeza, llenos de buenos recuerdos y tomamos el vuelo de Lanque nos llevó de regreso a Lima. Dejábamos la selva, el infierno verde lleno de leyendas y fauna, donde flota el recuerdo del auge del caucho y de la banda de Fitzcarraldo.

 

 

 

 

 

Lima

La capital peruana se encuentra casi siempre bajo una bruma que cubre la costa debido a la corriente de Humboldt que recorre el pacífico desde el Polo Sur, trayendo agua fría. Sus playas son largas, con olas ideales para el surf, delimitadas por un acantilado donde se instaló el encantador barrio de Miraflores, sitio donde se encuentran elegantes casas y tiendas, el centro comercial Larco Mar, el Miraflores Park Hotel Orient-Express y su excelente restaurante Mesa 18.

Visitamos el barrio San Isidro y el centro con sus casas coloniales, su imponente catedral, sus hermosas iglesias y conventos como los de Santo Domingo y San Francisco, y su plaza de Armas. Es un placer descubrir el centro de Lima y recorrer sus calles coloniales. El encanto turístico de Lima también puede verse en la Huaca Pucllana, una pirámide de adobe erigida por los pobladores de la cultura Lima entre 200 y 700 d.C.
Aquí, nos embarcamos en nuestro yate para recorrer la costa norte, saliendo desde el puerto del Callao, para descubrir una costa desértica bajo la neblina donde nunca llueve. Las largas playas desfilaron en nuestro paseo hasta Trujillo sin parar, develando la belleza de la Sierra Blanca que no pudimos admirar por falta de tiempo.

 

 

 

 

Trujillo

Desembarcamos al día siguiente en la marina de Huanchaco, donde descubrimos las famosas embarcaciones de totora (largo pasto peruano); estas monoplazas son idénticas a las de los antiguos habitantes y actualmente se usan para pescar. Visitamos las ruinas de Chan Chan que fue una imponente ciudad de adobe construida por los Chimú a partir del siglo IX y donde destacan los recintos fortificados. Ahí admiramos los decorados labrados en el adobe y la extensión de esa antigua ciudad prehispánica perfectamente planeada. Llegamos a la Huaca de la Luna y la Huaca del Sol (que no ha sido investigada todavía), imponentes pirámides de adobe de la antigua ciudad Moche o Mochica, cultura que florecía entre 300 a.C. y 700 d.C., antes de los Incas, y que nos ha dejado fantásticos vestigios. Aquí pudimos admirar los muros de la pirámide con sus hermosos frescos que representan dioses, personajes y animales con decorados geométricos que aún conservan trazas de colores. La belleza insospechada de las vasijas que representan caras humanas o animales de manera realista fue un descubrimiento fascin ante.


La ciudad de Trujillo fue otro grato descubrimiento, con sus elegantes edificios coloridos que delimitan la hermosa plaza de Armas. Recorrimos sus calles para admirar esas casas coloniales de altas ventanas enrejadas y sus fabulosos patios, sus iglesias con altares de madera dorada que representan angelitos y santos. Es una ciudad elegante donde se respira una aire de paz y buen vivir con una excelente cocina. El museo Cassinelli exhibe una imponente colección de vasijas Moche caracterizadas por la perfección de los rostros.

 

 

 

 

Pacasmayo

Navegando siempre hacia el norte, nos detuvimos en el Puerto Malabrigo para visitar las Huacas el Brujo, en la costa, a la orilla de un valle fértil. En Pacasmayo pudimos admirar los frescos cubiertos de colores de la Huaca Cao Viejo y la momia de la gobernante que lleva un tatuaje en la riel, acompañada por las impresionantes joyas de su última morada. Siguiendo nuestra navegación a lo largo de las playas, en la orilla del desierto alcanzamos Pacasmayo, uno de los más famosos lugares para el surf, y su largo muelle donde finalmente desembarcamos.

 

 

 

 

Cajamarca

Después de atravesar unos áridos desiertos bajo las nubes en coche, descubrimos el sol al adentrarnos en los Andes. Los estrechos valles estallan de belleza con sus ríos y sus verdes cultivos mientras las escarpadas laderas de las montañas se cubren de cactus y desafían el cielo azul. Desde aquí, pudimos alcanzar el extenso verde valle de Cajamarca, donde descubrimos esa imponente ciudad colonial con sus iglesias barrocas de fachadas extensamente labradas: el convento de Belén, la catedral, la iglesia de San Francisco y la hermosa plaza de Armas con su fuente del siglo XVI. Las casas coloniales lucen sus portales de piedras, sus altas ventanas con barrotes, algunos callejones bajan de las colinas y la ciudad palpita con un aire de serenidad. Atahualpa, último dirigente inca, fue arrestado por Pizarro en el lugar llamado “el Baño del Inca”, en donde surgen unas calientes aguas termales. En el hotel “Laguna Seca” pudimos gozar de éstas, que en la fría mañana expulsan vapor. El cuarto del rescate es una construcción inca que, según la leyenda, los habitantes llenaron de oro para evitar que Atahualpa fuera ejecutado.

 

 

Chiclayo

De regreso a Pacasmayo, navegamos de nuevo hacia el norte hasta llegar al puerto donde disfrutaríamos de la deliciosa tortilla de manta raya y del arroz con pato. Chiclayo es una ciudad ruidosa con una bella catedral y el maravilloso Gran Hotel Chiclayo. Pero su atractivo reside en la visita a los hermosos sitios arqueológicos Moche donde fueron halladas unas tumbas con soberbias joyas de oro. Visitamos Sipán, donde se admiran las huacas en medio de un fértil valle. Túcume es el hogar de un gran número de pirámides que impresionan por su altura: Pampa grande, Batán Grande y Ferreñafe.

Pero lo más destacado del recorrido es el museo del Señor de Sipán, que exhibe los hallazgos de éste importante dirigente Moche, encuya tumba se encuentran bellas joyas de oro o de cobre, collares de piedras y conchas, al igual que aretes de oro y turquesa. Es un museo fascinante en la ciudad colonial de Lambayeque, así como también lo es el museo Brunin. Se pueden visitar las ruinas coloniales de la ciudad de Zaña, que fue destruida por terremotos y la crecida del río.

 

Piura

Siguiendo la navegación por la orilla del árido desierto, pasamos largas playas, contornamos el cabo de Bayovar para zarpar dentro de la inmensa bahía hasta alcanzar una costa rocosa y árida y llegar el hermoso puerto pesquero de Paita con sus casas típicas coloridas, fundado en 1532 por Pizarro, y donde se exilió la amante de Simón Bolívar, Manuela Sáenz, famosa activista del movimiento libertador, cuya sencilla casa se puede visitar. La bahía está adornada por una gran cantidad de lanchas, el puerto vibra bajo el sol y la gente pasea a la sombra de sus calles y de la plaza arbolada.

Más adelante alcanzamos la playa de Colán, donde se ostentan casas de madera sobre pilotes lamidos por las tranquilas olas que desafían las palmas de coco. Este lugar es hogar de La iglesia de San Lucas de Colán, que data del siglo XVI cuando desembarcaron los españoles. Pasamos la playa de Bocana, tapizada con una alfombra de miles de cangrejos rojos. Ésta es la desembocadura del río Chira que irriga los fértiles llanos de Sullana para seguir la costa más montañosa y todavía muy árida.

 

 

El trayecto nos llevó a pasar por Talara, un puerto comercial muy importante, al igual que zarpar hasta Cabo Blanco, un pequeño astillero encantador que luce la casa que habitó Hemingway cuando filmaron la película “El viejo y el mar”. Aquí, descubrimos la playa Órganos y Máncora, la playa de moda en esa Costa del Sol peruana, y puede verse porque, en Máncora, pueblo vibra con una vida de ocio, restaurantes y hoteles, tiendas, bares y lujosas casas a la orilla del mar. Pudimos probar la excelente cocina del hotel DCO que luce un estilo minimalista acogedor. Finalmente descubrimos las elegantes casas y hoteles de Punta Sal, donde nuevamente tuvimos que abandonar nuestro yate para atravesar el desierto bajo que nos llevaría hasta Piura.

Piura es una ciudad encantadora, vigilada por la catedral y hogardel elegante hotel “Los Portales”, ideal para disfrutar de la cocina típica de la región.

Aquí tomamos el avión de Lan que nos levaba de regreso a Lima. Se acababa el recorrido de unas fascinantes regiones peruanas, sorprendentemente interesantes. La selva amazónica me había conquistado por su misterioso mundo verde donde caimanes, perezosos, monos y pájaros habitan, en ese calor húmedo que baña los ríos que corren hacia el mar, formando el gran río Amazonas.

La costa norte, árida y desértica me había hechizado por sus hermosas ciudades coloniales como Trujillo y Cajamarca, su litoral donde reina el surf, sus encantadores playas como Pacasmayo y Máncora y sobre todo las huacas de los Moches, esas inmensas pirámides de adobe con restos de frescos e impresionantes tumbas. Había descubierto otro Perú, ese que olvida Machu Picchu y Cuzco, ese que fascina y sorprende, que intriga y que hace soñar del pasado mientras las lanchas de totora siguen llevando los solitarios pescadores para enfrentar las olas a la orilla de una costa desértica.

 

 

Texto: Patrick Monney / Arely Vázquez ± Foto: PromPerú, Aqua Expeditions, Patrick Monney.

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