Un encaje divino

En medio del Mediterráneo occidental surgen cuatro islas con su rosario de islitas repartidas a lo largo de 1239 km de costa. Al recorrer este litoral pareciera que se está en medio de un precioso encaje realizado por una mano divina. Las bahías se esconden entre las montañas que caen en el mar para formar las calas en aguas, cuyas tonalidades viajan por los azules, turquesas y esmeraldas.

 

Recorrer las Islas Baleares por mar es una experiencia de navegación sorprendente, una incursión en un verdadero paraíso natural. Y a pesar de ser un lugar predilecto por muchos europeos para veranear, a bordo de un velero o un yate, el navegante encuentra siempre un lugar escondido para atracar y gozar del edén.

 

 

Mallorca, la más bella

Mallorca es la más bella, la más grande y la más diversa desde el punto de vista de su cultura y su paisaje. Desde Barcelona se necesitan 15 horas de velero con una buena brisa para llegar a Palma de Mallorca, la elegante y señorial capital, cuya catedral surge del mar como una diosa acuática. Es una vista impresionante: la catedral erige sus contrafuertes a más de 40 m de altura, creando un juego de luces y sombras en color miel que se refleja en el mar.

El Palacio de la Almudaina, antigua fortaleza de los soberanos moros, la acompaña con elegancia, y del otro lado es adornada por el Palacio Episcopal. Los restos de la imponente muralla contribuyen a realizar un hermoso cuadro que nos transporta en el tiempo, con sus baluartes que parecen narrar sucesos sin edad. Y en el fondo, como un manto natural, aparecen las colinas que abrazan la ciudad, protegiéndola de los vientos del norte, con la presencia del Castell de Bellver, como vigilando este escenario.  

 

 

 

La ciudad es un festín de bellos edificios, callejones misteriosos, exquisitas fachadas de monumentales iglesias, su plaza mayor, la frescura de los antiguos baños árabes escondidos en jardines de cuentos. Y todos estos elementos son una invitación a vivir el placer de perderse para descubrir secretos públicos, por ejemplo el encanto de una placita con su fuente.

Palma, verdadera ventana al pasado, es también un sitio perfecto para instalarse en las terrazas de los bares y disfrutar de sus platillos regionales, por ejemplo comer ensaimadas, famosa repostería tradicional, formada por una tira de pasta de hojaldre que se enrolla en espiral y se decora con azúcar.

 

 

 

El puerto de Palma es inmenso y existen varias marinas al pie de una costa invadida por los edificios. Port Portals es la mejor marina de toda la isla y la más exclusiva. Aquí atracan los más bellos yates del jet set, compitiendo en belleza y tamaño. Ofrece excelentes servicios y en el muelle se encuentran famosos restaurantes, como Tristán, el más selecto de Palma. El pueblo de Portals Nous tiene su encanto, igual que toda esa costa al oeste de Palma, donde se encuentra Mar i Vent, la residencia de verano del rey Juan Carlos.

Desde Port Portals, navegando hacia el oeste, pasando Palma Nova y Magaluf, playas invadidas por la gente del norte de Europa, aparece la península de Portals Vells, con sus bosques de pinos que llegan a las ensenadas. Es la sierra Na Burguesa, colinas suaves, pueblos encantadores, el cabo de cala Figuera y la hermosa bahía de Santa Ponça, desfigurada por las construcciones.

 

 

Al pasar el cabo de Sa Mola, se penetra en una hermosa bahía, donde se levanta el encantador Port d’Andratx, protegido por las colinas que lo rodean, y que atrae con sus restaurantes y bares que visten la orilla del mar. Es la mejor puesta del sol de Mallorca, cuando los barcos danzan entre los reflejos de la luz del atardecer, mientras los paseantes disfrutan de una caña y una animada conversación.

Hermoso es el pueblo de Andratx, a 7 km del puerto, oculto entre los campos de almendros. Un escondite de callejones y escaleritas con preciosas casas encaladas, rodeando a la iglesia y el castillo de Son Mas, sede de un festival de música clásica. Ésta es la zona donde muchos famosos tienen sus casas, como Claudia Schiffer y Michael Douglas.

 

 

Aquí empieza la sierra de Tramontana, una impresionante cordillera cubierta de pinos, cuyo color verde oscuro contrasta con el turquesa de las calas. En este lugar se tiene la impresión de estar en una de las costas más bellas del mundo.

El próximo puerto seguro desde Andratx es Puerto Sóller, a un día de navegación, descubriendo la isla de Sa Dragonera, refugio de pájaros. Hermosas ensenadas que ofrecen buenos puntos de anclaje, el minúsculo puerto de Valldemossa con sus pintorescas casas de pescadores, un paisaje impresionante, lleno de sorpresas para el navegante. Las calas son de aguas tranquilas, turquesa o esmeralda, a la sombra de los acantilados cubiertos de pinos.

 

 

Puerto Sóller es una bahía bien protegida con su pueblo rústico y es el punto ideal para descubrir la sierra por la carretera que ofrece los más bellos panoramas. El pueblo de Sóller se encuentra tierra adentro, para protegerlo de los piratas, al igual que todos los pueblos de la isla, y en medio de esa naturaleza mantiene costumbres propias de pueblo: gente que va al mercado, viejos que platican en las bancas, un mundo de paz.

Hacia el sur, la carretera enlaza a unos pueblos encantadores anidados en los montes: Lluc-Alcari entre los olivos, Deía aferrado a un peñón y dominado por su iglesia, con sus callejones escarpados que vieron pasar al escritor inglés Robert Graves, quien se instaló aquí en 1929, la residencia de Son Marroig y el dominio de Miramar, propiedades del archiduque Luis Salvador de Austria que en 1872 eligió ese magnífico entorno para vivir, Valldemossa con su imponente cartuja, famosa porque en 1838 Chopin y George Sand pasaron el invierno, lo que le confiere un sentido romántico, y la extraña farmacia del siglo XVIII con sus antiguas damajuanas de cerámica.

 

 

Hacia el este, la carretera nos lleva al exquisito pueblo de Fornalutx, considerado como el más bello de toda la isla, con sus calles empinadas y repletas de flores, con sus puertas misteriosas y una fuente que murmura una suave canción. El mirador de Ses Barques ofrece una vista sublime sobre Sóller y la carretera sube hacia Puig Major (1443 m, cima más alta), atravesando los campos de olivos y encinos para llegar al monasterio de Lluc, importante lugar de peregrinaje donde reside la virgen negra La Moreneta. Después del llano de Pollenca (cedilla) se sube al mirador d’Es Colomer, donde se admira el paisaje de tormentosos acantilados y aparece la sorprendente península de Formentor, un grandioso escenario.

Navegando desde Puerto Sóller, las ensenadas sorprenden con sus dramáticos escenarios de rocas que se clavan en el mar: Sa Calobra, con su playa atrapada entre dos acantilados, cala Sant Vicenç, cala Figuera y finalmente el cabo Formentor, que permite acceder a la inmensa bahía de Pollença para encontrar un excelente atraque en el Port de Pollença o pasar el cabo d’Es Pinar y penetrar en la ventosa bahía de Alcudia, atracando en el Port d’Alcudia.

Alcudia, la ciudad más antigua de la isla, fundada por los fenicios y ocupada por romanos y árabes, conserva su hermosa muralla y unas casas de estilo renacentista.

 

 

 

Es el punto de partida ideal para cruzar hacia la isla de Menorca, a unos 40 km, y desde allí, en un día de navegación, se alcanza el cabo d’Artrutx y se llega al protegido puerto de Ciudadela, una pequeña ría natural que se hunde en el corazón de la ciudad.

 

Menorca en sus detalles

Menorca es una isla plana, calcárea, de 50 km de largo por 17 de ancho, azotada por los vientos Tramontana y Mistral. Así, la navegación se vuelve un juego del azar, sujeta a los cambios de vientos y borrascas peligrosas. Ocupada durante más de un siglo por los ingleses, se viste de pueblos blancos, de caminos bordeados de muros de piedra y sus ciudades han conservado el apacible encanto del pasado inglés.

Ciudadela, ciudad elegida por la aristocracia, apantalla con sus hermosos palacios que rivalizan en belleza y elegancia a lo largo de sus callejones que llevan a la sorprendente catedral gótica, construida en el siglo XIII sobre la mezquita. Palacios neoclásicos, con fachadas sobrias, portones decorados y balcones corredizos en la parte alta, o iglesias ricamente adornadas constituyen el maravilloso encanto de la ciudad donde el puerto natural es de un kilómetro de largo y es uno de los más concurridos de la isla.

 

 

Navegando por la costa norte y pasando el cabo de Bajoli se descubre una sucesión de hermosas calas, con sus aguas transparentes, bordeadas por pinos, con sus playas decoradas por rocas extrañas.

 

El primer puerto seguro es Fornells, que aparece después del cabo de Cavalleria. Situado a la entrada de la bahía que protege el fuerte Sant Antoni, Fornells, con sus casas blancas, es un encantador pueblo que se ha hecho famoso por su calderata, la celebre sopa de langosta. Hasta este rincón navega en su velero el rey Juan Carlos con el fin de vivir plenamente esta belleza.  

Siguiendo hacia el sudeste aparecen Port d’Addia, puerto natural protegido por dos islotes y con tres kilómetros de largo y 400 m de ancho, Castell con su playa de fina arena, Grau y sus casas blancas que vigilan las barcas de los pescadores, y al fin surge la Punta de S’Esperó, con el Fuerte de la Mola, que protege la entrada de la sorprendente larga ría de Maó, de 6 km de largo y entre 100 y 300 m de ancho.

 

 

 

En el fondo se encuentra la ciudad de Maó, capital de Menorca, fundada en 205 a. C. por el general cartaginense Magón, hermano de Hanibal. Es una ciudad que se camina, descubriendo sus iglesias, el antiguo convento carmelita con su claustro transformado en mercado, el Monasterio Sant Francesc, la alcaldía de estilo inglés con su torre del reloj y la destilería de ginebra Xoriguer, testigo de la larga ocupación inglesa.

Desde Maó se explora el interior de la isla, el encantador pueblo de Sant Lluis, Alaior donde destaca Santa Eulalia, su iglesia fortificada del siglo XVII, y donde se fabrica el conocido queso de Maó. Sus campos divididos por muros de piedra y los vestigios prehistóricos, como las grutas. Entre estas últimas están las de Talayots (construcción cónica de piedras), Navetas (hecho con piedras y en forma de nave), Taulas (monumento de piedra en forma de “T”).

 

 

Al salir de la ría, pasando la playa de Punta Prima, de arena blanca, aparece la costa sur recortada con hermosas calas de aguas cristalinas que ofrecen puntos de atraque para gozar de la playa. Y llegando de nuevo al cabo d’Artrutx, se cruza hacia Mallorca para llegar a la costa este, salvaje y adornada de bellas calas vírgenes o invadidas por edificios.

El primer puerto seguro es Porto Cristo, pequeño puerto de pesca al fondo de una ría. Luego está Porto Colom, tranquilo puerto en una bahía cerrada por una estrecha boca. Al seguir, el navegante descubre cala d’Or, con sus elegantes marinas y sus maravillosos sitios de buceo, Porto Petro, cala Mondrago y su belleza natural de aguas cristalinas rodeadas de pinos, cala Figuera y sus casitas con ventanas verdes o azules.

 

 

El cabo Ses Salinas es la punta sur de la isla, un paisaje diferente de salinas entre pinares. Es el punto más cercano para explorar el encantador Archipiélago Cabrera, un sitio único, con su gran reserva de aves del Mediterráneo y el magnífico entorno.

La costa sur de Mallorca alberga la magnífica playa de Es Trenc y al acercarse a Palma aparece gran número de marinas que cuentan con los mejores servicios, como la de Portixol y grandes desarrollos turísticos.

 

 

Ibiza, cosmopolita

De Palma a Ibiza, cerca de 50 millas náuticas, se necesitan más de 20 horas, según los vientos, que suelen ser muy cambiantes, y el navegante alcanza la isla en la punta noreste, donde se encuentra la sorprendente y bella isla Tagomago.

Lo ideal es descubrir Ibiza rodeándola en el sentido contrario del reloj para aprovechar los vientos. La isla blanca, invadida por los hippies de los años sesenta, desfigurada por los horrendos edificios que albergan un turismo popular, pero embellecida por las casas del jet set e inundada por el barullo de sus fiestas es visitada por el mundo entero.

Ibiza es todavía una isla encantadora, con sus calas escondidas en el fondo de vertiginosos acantilados cubiertos de pinos. La costa norte y noroeste se constituyen en una sucesión de maravillosas calas y bahías, la mayoría salvajes, escondidas y hermosas (Portinatx, Xucla, Es portixol) que ofrecen excelentes puntos de atraques en puertos naturales, tales como Sant Miquel.

 

 

 

La primera marina que encontraremos después de Portinatx, es la de Sant Antoni, después de un día entero de navegación descubriendo las bellezas naturales de las calas. Sant Antoni es un mundo de yates pero también de grandes desarrollos turísticos.

La costa oeste es una sucesión de calas, islotes, playas impresionantes de bellas de aguas límpidas, algunos desarrollos turísticos y bahías casi vírgenes.

Es Vedra y Es Vedranell, dos enormes rocas, ofrecen un paisaje insólito y uno de los mejores lugares para bucear. La punta Ses Portes, más al sur de Ibiza, protege de cada lado una costa plana con hermosas salinas, donde se reflejan los molinos de viento que brillan con el sol del atardecer, así como largas playas favoritas de los naturistas (Platja Es Cavallet). Es también el punto más cercano para llegar a la isla de Formentera, la más meridional de las Baleares, separada de Ibiza por un canal de tan sólo 4 km, sembrado de una cadena de islotes.

 

 

Formentera mide 23 km de largo y 17 de ancho, formada por dos mesetas calcáreas, cuyo punto más alto no pasa los 192 m, con soberbios acantilados, unidas por un istmo arenoso. Ofrece playas de sueño que bordean un insólito escenario semiárido, pero no hay puertos naturales y el único punto de anclaje seguro es el puerto de La Savina, con su marina que permite albergar los barcos cuando el viento del norte sopla. Once millas náuticas la separan de La Savina de Eivissa, una travesía cambiante según los vientos norte-sur.

Eivissa es la perla de Ibiza, su capital misteriosa, un pueblo blanco acostado sobre un peñón coronado por la muralla de Dalt Vila y la torre de la catedral. La inmensa marina empieza en la parte moderna de la ciudad para prolongarse hasta Passeig de Vara de Rey, que cierra la entrada de la bahía y ofrece un puerto seguro para explorar la isla por tierra. 

 

 

 

La ciudad vieja es un misterio de callejones y placitas invadidos por tiendas, restaurantes y muchedumbre saturada de sol. Sin embargo, ha sabido conservar cierto encanto. Sin duda, al penetrar en la parte amurallada de la ciudad alta por la monumental puerta Ses Taules se siente el paso de la historia que ha habitado esos enormes muros flanqueados de sus baluartes. El Baluard Santa llucia ofrece una hermosa vista sobre la ciudad y la bahía. Los callejones llevan a descubrir las casas señoriales, el antiguo Convento de Santo Domingo con su hermoso patio del siglo XVI, para finalmente llegar a la catedral y al castillo con su atmósfera medieval.

Ibiza es también sus tierras sembradas de olivos, encinos, pinos e higueras, sus pueblos blancos dominados por austeras iglesias, el arte de vivir y la belleza de su gente. Santa Gertrudis, Sant Carles de Peralta y Sant Joan de Labritja son algunos de los pueblos bonitos que permiten escaparse de las playas saturadas y descubrir la hermosa isla.

 

 

Navegando por la costa este hacia el norte, en contra de los vientos, se descubren hermosas playas, algunas invadidas por edificios modernos que han desfigurado el paisaje, y desde allí se emprende el largo regreso hasta Palma de Mallorca.

 

Las Baleares son una España diferente, costas inmensamente ricas en bellezas, calas y sorpresas. No hay dudas de que se erigen como un paraíso para el navegante, una perla en el Mediterráneo.

 

Es imposible describir totalmente sus encantos, pero no se puede dejar de decir que es cuna de montes y colinas verdes, con un encaje formado por las soberbias calas, donde se siente el refinado arte de vivir a la luz del sol. Este mundo conformado por cuatro islas principales, cada una con su singularidad, es el mejor regalo para el navegante. Son joyas que se despliegan en la inmensa belleza del mar.

 

 

Texto: Araceli Cano ± Foto: Patrick Monney

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