Cada invierno, La Paz se transforma en escenario de uno de los rituales más espectaculares del planeta.

No hay alfombra roja ni grandes reflectores, pero sí protagonistas capaces de redefinir el significado del viaje: las ballenas grises que, puntuales a una cita milenaria, llegan a las costas de Baja California Sur para dar vida, proteger a sus crías y recordarnos la dimensión real del océano.

Entre finales de diciembre y marzo, estos gigantes marinos recorren miles de kilómetros desde el gélido mar de Bering, en la parte más septentrional del océano Pacífico, hasta las aguas templadas del Pacífico mexicano. El motivo no es menor: reproducirse, parir y enseñar a nadar a sus ballenatos en un entorno seguro.

Ser testigo de este fenómeno no es una atracción más en la agenda; es una experiencia transformadora que no se programa ni se compra. Simplemente ocurre… y quien está ahí, lo sabe.

En este contexto, La Paz se consolida como uno de los destinos invernales más valiosos para el viajero contemporáneo, aquel que busca emociones auténticas, conexión con la naturaleza y un propósito que trascienda la postal. Aquí, el lujo no se mide en estrellas ni en exclusividad artificial, sino en la posibilidad de presenciar un momento irrepetible de la vida salvaje, en silencio, respeto y asombro.

 

Amura,AmuraWorld,AmuraYachts, La ballena gris llega a medir entre 11 y 15 metros, con un peso que varía de 30 a 40 toneladas. La ballena gris llega a medir entre 11 y 15 metros, con un peso que varía de 30 a 40 toneladas.

 

A una hora y media de la ciudad, Puerto Chale se ha convertido en uno de los puntos más cercanos y genuinos para vivir el avistamiento de ballena gris. El trayecto es parte del relato: mar, desierto y comunidad se entrelazan para ofrecer una experiencia integral.

El visitante no solo se sube a una embarcación; se integra a la vida local, prueba la cocina regional, escucha historias del mar y contribuye directamente al desarrollo de una economía comunitaria que ha encontrado en la conservación una forma de futuro.

Las salidas de avistamiento en las embarcaciones se realizan bajo estrictos protocolos de cuidado ambiental, operadas únicamente por prestadores autorizados por Profepa, en coordinación con Conanp y la Secretaría de Marina. La distancia, el tiempo y la interacción están regulados para garantizar encuentros seguros, éticos y sostenibles, donde el bienestar de las ballenas y el equilibrio del ecosistema son prioridad absoluta.