En un momento en que la conversación ambiental global suele concentrarse en los grandes pulmones terrestres, poco se habla de los bosques marinos ocultos.

Ante esto, Hyundai Motor Company lanzó su campaña global “Bosques sin Nombre”, en el marco del Mes de la Tierra, donde plantea una iniciativa que combina divulgación, ciencia y participación social para visibilizar uno de los ecosistemas más subestimados del planeta.

Los llamados bosques marinos –formados por densas concentraciones de algas como el quelpo y otras especies pardas– funcionan como auténticas infraestructuras ecológicas submarinas. Al igual que sus equivalentes terrestres, ofrecen refugio a innumerables especies, filtran contaminantes y desempeñan un papel clave en la captura de carbono. Sin embargo, su invisibilidad física los ha mantenido fuera del imaginario colectivo y, en consecuencia, de muchas agendas de protección ambiental.

El interés por su potencial climático ha cobrado fuerza recientemente. Durante la 63ª sesión del IPCC (Panel Intergubernamental del Cambio Climático), celebrada en Lima, se subrayó la necesidad de integrar a las algas marinas en los futuros sistemas de contabilidad de carbono. Este reconocimiento científico refuerza la pertinencia de iniciativas como la de Hyundai, que buscan traducir el conocimiento técnico en conciencia pública.

La campaña introduce un concepto tan simple como poderoso: nombrar estos ecosistemas. A diferencia de los bosques terrestres, muchos bosques marinos carecen de denominación oficial, lo que limita su identificación y protección. Al otorgarles un nombre, se les concede una identidad, una narrativa y, en cierta medida, un lugar en el mapa emocional y geográfico de la sociedad.

 

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El proyecto ya ha comenzado a materializarse en tres regiones clave. En Corea del Sur, uno de los bosques restaurados en Ulsan ha sido bautizado como “Ullim”, evocando la idea de resonancia. En Argentina, el nombre “Auken Aiken” –“Campo de Vida” en lengua indígena– conecta la conservación con la cultura local. En Australia, el proceso se abre al público mediante votación, integrando a la comunidad en la toma de decisiones y reforzando el vínculo entre ciudadanía y entorno natural.

Más allá del simbolismo, la iniciativa se sustenta en acciones concretas. Desde 2024, Hyundai desarrolla proyectos de restauración de algas en la costa de Ulsan, abarcando casi cuatro kilómetros cuadrados y con una capacidad estimada de absorción de 1,300 toneladas de CO₂ anuales. Estas labores incluyen trasplante de algas, dispersión de esporas y rehabilitación del lecho marino, en colaboración con autoridades y organismos científicos.

En paralelo, la compañía ha impulsado programas de limpieza de residuos marinos en alianza con Healthy Seas, retirando más de 320 toneladas de desechos, incluidos restos de redes de pesca que posteriormente se reciclan en materiales sostenibles para la industria automotriz.

“Bosques sin Nombre” no es, por tanto, una campaña aislada, sino la evolución de una narrativa ambiental que busca ampliar el foco: de lo visible a lo invisible, de lo conocido a lo ignorado. En un mundo donde la sostenibilidad se ha convertido en un valor estratégico –también para industrias como la náutica y el estilo de vida de lujo–, reconocer y proteger estos ecosistemas submarinos no solo es un acto de responsabilidad, sino una inversión en el equilibrio futuro del planeta.