Durante décadas, la llamada economía azul se centró en un objetivo fundamental: aprovechar los recursos marinos sin comprometer su disponibilidad para las generaciones futuras.
Sin embargo, frente al deterioro acelerado de los ecosistemas oceánicos, la sostenibilidad ya no parece suficiente. El nuevo paradigma propone algo más ambicioso: regenerar el océano.
Esa es la principal conclusión del informe The Regenerative Blue Economy: Pathways to Prosperity, que plantea una transformación profunda de la relación entre la actividad económica y los mares del planeta. La premisa es clara: el éxito económico del futuro dependerá no de cuánto se extraiga de los océanos, sino de la capacidad para restaurar y fortalecer los sistemas naturales que sostienen la vida y la prosperidad global.
La economía oceánica genera cada año billones de dólares y proporciona sustento a miles de millones de personas. Sin embargo, el aumento de la temperatura del mar, la contaminación y la sobreexplotación continúan degradando los ecosistemas marinos. Aunque las estrategias de sostenibilidad han contribuido a reducir algunos impactos, no han logrado revertir el deterioro.
Aproximadamente el 40% de la población mundial vive a menos de 100 km de la costa. Esta estrecha franja –apenas el 5% del territorio habitado– genera entre el 30% y el 50% del PIB mundial y concentra puertos, infraestructura energética, acuicultura, desalinización y turismo.
El estudio identifica tres grandes grupos de industrias que desempeñarán un papel decisivo en esta transición. Los sectores tradicionales –como la pesca, los puertos, el transporte marítimo y la energía– seguirán siendo esenciales, pero deberán acelerar su descarbonización y destinar más recursos a la restauración ambiental.
Por otro lado, sectores en expansión como las energías renovables marinas, el turismo costero, la acuicultura sostenible y las tecnologías de tratamiento de agua tienen el potencial de convertirse en motores de cambio, siempre que se desarrollen dentro de los límites ecológicos del planeta.
A ellos se suman industrias emergentes que representan la nueva frontera de la economía azul: la restauración de ecosistemas, la biotecnología marina y los sistemas de datos oceánicos impulsados por inteligencia artificial. En estas actividades, la creación de riqueza está directamente vinculada a la recuperación ambiental y al conocimiento científico.
El informe señala cuatro pilares indispensables para acelerar esta transformación: una gobernanza oceánica integrada, nuevos mecanismos de financiamiento, el fortalecimiento de las capacidades humanas y el aprovechamiento de las tecnologías digitales y la inteligencia artificial para mejorar el monitoreo y la toma de decisiones.
Pero quizás uno de los aspectos más relevantes es el reconocimiento del papel que desempeñan las comunidades costeras y los pueblos indígenas. Su conocimiento y participación son fundamentales para garantizar una recuperación efectiva de los ecosistemas y evitar que la transición reproduzca desigualdades existentes.