Del arte natural al expresionismo

En África habita el 40% de la población mundial, se trata de la región con el promedio más bajo de edad. Esta dimensión juvenil, la convierte en el principio de otra realidad que lleva en su herencia el origen de la evolución humana. El continente africano es, por supuesto, parte indispensable del proceso histórico de la globalización de la economía, con la fuerza del trabajo humano y, con materias primas, se construyó el sistema mundial urbano-industrial, las metrópolis centrales, los campos algodoneros, la extracción en la minas.

La cultura africana está activa en las bellas artes, como la danza, la música (clásica, blues, jazz, rock) y en el canto, con alma en coros de voces populares; así como en la ópera, la escultura, arquitectura y pintura.

 

 

Son insustituibles –por ser únicos– los ecosistemas africanos, son prehistoria e historia de las especies, hábitat de la más rica variedad de fauna y flora.

Siguiendo datos del informe World Economic Outlook (FMI, Octubre 2012), en el que 10 de las 20 economías con mayor potencial de crecimiento hasta 2017, son países africanos: Angola, Nigeria, Etiopía, Chad, Mozambique, Ruanda, Ghama, Congo, Zambia y Tanzania.

Las aportaciones del continente africano, conformado por 54 países (contando Sudán del Sur), provienen de la rica diversidad cultural-lingüística conformada por cientos de pueblos, que aunque tienen elementos comunes, sería un error generalizar la etnología o las culturas africanas.

África ha perdido 64 millones de hectáreas de bosque en lo que va del fin del siglo XX al siglo XXI; esto significa que el hábitat de la fauna y la flora se reducen. En Sudáfrica se encuentra el 6% de las especies de mamíferos y reptiles; la deforestación, además de la erosión, plantas y bacterias para uso medicinal y nutritivo, representan pérdidas económicas de 5,000 millones de dólares sólo por biopiratería, aunado a la perdida irremediable de ecosistemas.

 

 

 

 

En la isla africana de Madagascar habita fauna variada y exótica única o endémica, como los lémures, la tortuga radiada, la tortuga angonoka, la tortuga colaplana y la tortuga araña. Sudáfrica, es hábitat del 10% de las especies conocidas de aves, peces y plantas, inventariados en el planeta.

En el África subsahariana, los yacimientos de diamantes representan el 60% del volumen mundial, mismos que significan ingresos de unos 150,000 millones de dólares (en África se queda el 10%). También en la región se obtienen coltán, tánalo y niobio, insumos empleados en las industrias electrónica, aeronáutica y de telecomunicaciones para la fabricación de piezas de teléfonos celulares, laptops y iPods, así como en la fabricación de turbinas. De minas africanas se extrae la mitad del cromo y 75% del platino del mundo, además de ser basto en reservas de petróleo y oro. Del metal precioso se obtienen por año 600 toneladas, la cuarta parte de lo que se produce en el mundo, siendo Sudáfrica la nación que, con unas 300 toneladas anuales, más oro obtiene en el planeta. De igual manera hay yacimientos de cobre, plata, zinc, manganeso y uranio. También el 75% del cacao del planeta proviene de esta región (Esquila, Misional, nº 645, abril-2009, pp. 25-30).

 

 

 

 

 

 

 

Espíritu y materia africana del arte moderno

 

Naturaleza de la expresión

Tsodilo, en el desierto Kalahari, al extremo noroeste de Botswana y cerca de la frontera con Namibia, es sitio de culto, pues lo habitan los espíritus ancestrales; así lo señala la cosmogonía africana, porque es enseñanza activa sobre las habilidades para sobreponerse a un ambiente hostil. Con formaciones de roca cuarcita solidificada, se levantan de antiguas dunas de arena hacia el oriente y del lecho fosilizado de un lago al ocaso.

Simbolizan este temple estético unas 4,500 pinturas rupestres, las que datan de los últimos 100,000 años aproximadamente. Comparten el estilo con otras obras de la infancia de la humanidad, tanto en la técnica, los pigmentos y las formas geométricas abstractas, de figura humana estilizada (semejantes a las que tenemos en México en Baja California) y de una gran variedad de fauna. Esta es un crisol estético que se mantiene en el estampado de la vestimenta, en las paredes de las viviendas y en la pintura contemporánea, en la creación tridimensional del tallado de madera y piedra, el modelado de cerámica y en los tejidos.

 

 

 

 

Es tan probable, que éste sea el remoto origen de la producción creativa-plástica, que ha seguido hasta nuestros días en partida doble: como el arte expresionista del África moderna y como sustrato de los expresionismos europeos; las vanguardias con la experimentación abierta para la ruptura con lo clásico. La relación fue de ida a las culturas ancestrales y de las sociedades ancestrales a Europa y más tarde a Estados Unidos.

Los artistas europeos estaban apasionados por las culturas arcaicas, pero imbuidos de una superioridad en muchos casos arrogantes, a causa de su conocimiento del arte y de su práctica agnóstica. Para explicar esta misma situación, Pamela McClusky (2002: 14) utiliza el término de neo-tarzanismo, acuñado por Wole Soyinka, es decir, la tendencia de los occidentales por fijar África como el lugar del animal, la jungla y la disonancia o discordia necesitando un salvador blanco (preferiblemente de familia aristocrática). Los abstraccionismos geométricos, cubistas y expresionismos, fueron tocados por las culturas estéticas africanas, pintores, de la talla de Pablo Piccaso. Otros que se pueden inscribir en este proceso de encuentro-convivencia de espíritus culturales son: Maurice de Vlaminck, fauvista junto con sus compañeros, André Derain, Raoul Dufy y Henry Matisse1.

Por el otro lado del océano, zarparon los africanos en los años treinta del siglo XX, para ir a Europa: el ghanés Oku Ampofo fue a Inglaterra en 1932, y comenzó sus estudios de arte; Iba Ndiaye (Sénégal), en 1948; Gerard Sekoto (Sudáfrica), en 1947; Afewerk Tekle (Etiopía), en 1948; Kofi Antubam (Ghana), en 1946; Ben Enwonwu (Nigeria), en 1944; y Viteix (Angola) en 1953. En la actualidad, como muestra de la pintura puede mencionarse a Abou Diallo, de Bamako (1970); Togin Loye, de Nigeria (1959); Unisa Kargbo, de Sierra Leona (1977); y Amadous Sow, de Senegal (1951), que nos dan la aproximación al arte contemporáneo  universal de temple africano.

 

1 Iñigo Sarriugarte Gómez; El arte africano: génesis de la plástica moderna occidental; Universidad del País Vasco; 2008

Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de Amura.

 

 

 

 

Texto: Jesús Peraza ± Foto: STC / ACULTURA AFRICANA / PUSC / TATRA PHOTOGRAPHY

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