Hay lugares que no se limitan a preservar su pasado, sino que consiguen que el visitante forme parte de él. Eso ocurre en Hita, una pequeña villa de la comarca de La Alcarria, en Castilla-La Mancha, que cada verano transforma sus calles en un auténtico escenario medieval durante el Festival Medieval de Hita.

En su LXIV edición, la celebración volvió a confirmar por qué es una de las recreaciones históricas más prestigiosas de España, reconocida como Fiesta de Interés Turístico Nacional, con un casco histórico declarado Bien de Interés Cultural y miembro del selecto grupo de Los Pueblos Más Bonitos de España.

Atravesar la monumental Puerta de Santa María es dejar atrás el siglo XXI para adentrarse en el universo del año 1330. El sonido de las dulzainas, el brillo de las armaduras y el bullicio de mercaderes y artesanos convierten las empedradas calles de Hita en un viaje inmersivo donde historia, patrimonio y literatura conviven con absoluta naturalidad.

Desde primeras horas de la mañana, el zoco medieval se desplegó entre la Calle Puerta de Caballos y la Calle Muralla con puestos de artesanía, tejidos, especias y gastronomía tradicional. Sin embargo, la esencia del festival trasciende el atractivo visual de un mercado histórico. Su verdadero sello distintivo es la profunda conexión con la obra de Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita, autor del Libro del Buen Amor, una de las grandes joyas de la literatura castellana.

 

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La Plaza del Arcipreste volvió a convertirse en el corazón de la fiesta con la representación de la boda de Don Melón y Doña Endrina, los inolvidables protagonistas de la obra del Arcipreste. Entre versos, humor, música y danzas medievales interpretadas por agrupaciones como Xalamut y Turdión, el cortejo nupcial ofreció una experiencia que mezcla teatro, tradición y participación popular, recordando que en Hita la literatura abandona las páginas para conquistar las calles.

La tarde elevó la intensidad con el Torneo Medieval, celebrado en el palenque situado junto a la muralla. Caballeros de la compañía Legend Especialistas protagonizaron justas ecuestres, combates con espada y espectaculares caídas que arrancaron la ovación del público, recuperando el espíritu caballeresco que dio fama a los torneos medievales.

Con la puesta de sol, el ambiente adquirió un carácter más íntimo. El Alarde y la música de los dulzaineros prepararon el escenario para el momento más esperado de la jornada: la representación de El Lazarillo de Tormes, interpretada por Rafael Álvarez "El Brujo" en las ruinas de la iglesia de San Pedro. Bajo el cielo estrellado y entre los muros del antiguo templo mudéjar, el prestigioso actor dio nueva vida al clásico español en la inolvidable versión de Fernando Fernán Gómez, demostrando que el patrimonio arquitectónico puede convertirse en uno de los escenarios teatrales más emocionantes del país.

La noche aún reservó espacio para la sobrecogedora Danza de la Muerte, el espectáculo de lucha medieval con fuego y el folk fantástico de Grimorium, poniendo el broche a una jornada donde la historia dejó de ser un relato para convertirse en una experiencia sensorial.