Pekín resulta impresionante por el contraste entre lo ancestral y lo moderno; lo uno se pierde en el pasado, lo otro anticipa el futuro. El viajero occidental, incapaz de descifrar la historia que narra su arquitectura antigua, siente además que Pekín ya rebasó a su lugar de origen en la carrera hacia el porvenir. Su cultura creó el Templo del Cielo, la Ciudad Prohibida, la Gran Muralla y el Palacio de Verano, entre muchas otras reliquias, y hoy edifica maravillas como la Villa Olímpica, el edificio Zaha Hadid, el Distrito Financiero, el Gran Teatro Nacional o la nueva Torre de la CCTV. En cuanto a hoteles de lujo, The Regent Beijing pone acento en la calidez mientras el Sofitel Wanda Beijing lo hace en la majestuosidad y The Opposite House en la decoración futurista. 

 

Texto: AMURA ± Foto: Lluc123 / PANORAMIO / SIAM

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