El tren nos dejó en la pequeña estación de Dover y finalmente llegamos al puerto para abordar el excepcional Minerva II, que nos llevó hacia el mundo de los vikingos, hacia la capital de los zares y las ciudades del norte, en 15 días que duró la travesía.
Valle de Bravo es una población muy peculiar, con sus casas coloniales de estuco blanco, balcones de hierro forjado y techos de teja roja. Es un pueblo en la montaña que se eleva de las orillas del lago y está rodeado de tupida vegetación en la que sobresalen los pinos.
El Santuario Resort Spa es un lujoso refugio de más de 2 millones de metros cuadrados a orillas del lago de Valle de Bravo. Las montañas, bosques de pinos, noches estrelladas y días soleados junto al cantar de las aves, crean una experiencia inolvidable para sus visitantes.
Las palabras “rueda” y “viento” se entrelazan para dar vida a Rodavento, aldea que forma parte del concepto Río y Montaña. Se trata de un fascinante hotel boutique, cuyo perfecto escenario es el mágico bosque de Valle de Bravo, ideal para disfrutar al máximo la aventura que propone a sus visitantes.
Con una vista inigualable al lago de Valle de Bravo, este exclusivo espacio consta de dos habitaciones y amplias estancias adicionales. La recámara principal cuenta con cama king size, chimenea, cocineta, sofá-cama y baño completo, mientras que la recámara secundaria tiene dos camas matrimoniales, baño completo y una tumbona individual.
Rodavento es un fascinante hotel boutique enclavado en el bosque de Valle de Bravo. Tiene catorce cabañas habilitadas con aire acondicionado, calefacción, chimenea y terraza con vista a la laguna privada de la aldea.









