En el universo de la alta relojería, pocas siluetas resultan tan reconocibles como el Royal Oak.
Ahora, Audemars Piguet reinterpreta su icono con una propuesta que combina la opulencia clásica del oro amarillo con la fuerza orgánica de una piedra milenaria: la malaquita.
La Manufactura suiza presenta dos nuevos Royal Oak Automático en cajas de 37 mm y 41 mm, con un grosor de 9.3 y 10.5 mm, ambos realizados íntegramente en oro amarillo y acompañados por brazaletes integrados del mismo metal. Sin embargo, el verdadero protagonista es la esfera. La malaquita, apreciada desde la Antigüedad por su verde profundo y sus hipnóticas vetas concéntricas, introduce un paisaje natural irrepetible en cada reloj.
Su cromatismo no es uniforme: las variaciones en la concentración de cobre durante el proceso de formación geológica determinan la intensidad del verde. A mayor contenido de cobre, mayor saturación; a menor proporción, tonalidades más suaves. El resultado son bandas ondulantes formadas durante la cristalización, que convierten cada esfera en una pieza única. No existen dos iguales. En tiempos de producción industrializada, esa singularidad resulta un lujo en sí mismo.
Estos modelos continúan la exploración de esferas pétreas iniciada en 2023 con las versiones de turquesa, pero la malaquita aporta una dimensión distinta: más profunda, más teatral, casi magnética. Sobre su superficie se aplican índices de oro amarillo y las icónicas agujas Royal Oak, también en oro, con tratamiento luminiscente para garantizar legibilidad. Horas, minutos y segundero central se despliegan con claridad sobre un fondo que parece latir con vida propia.
En el interior, la técnica respalda la estética. La versión de 37 mm integra el Calibre 5909, mientras que el modelo de 41 mm incorpora el Calibre 4309. Ambos movimientos mecánicos automáticos sintetizan tradición y contemporaneidad: arquitectura refinada, eficiencia energética y acabados acordes a los estándares más exigentes de la casa. Son mecanismos concebidos no solo para medir el tiempo, sino para honrarlo.
El diálogo entre el oro amarillo –cálido, solar– y el verde intenso de la malaquita remite a una sofisticación audaz, fiel al espíritu disruptivo que definió al Royal Oak desde su nacimiento. Con estas nuevas referencias, Audemars Piguet reafirma que la innovación no siempre consiste en alterar la forma; a veces, basta con revelar nuevas profundidades en lo esencial.