Con el nuevo Elyor Tourbillon de L. Leroy, la maison francesa celebra 240 años de legado relojero con una creación concebida para coleccionistas que entienden el tiempo como una experiencia estética.
El nombre Elyor no es una invención contemporánea. Se trata del anagrama de Leroy, utilizado por la firma durante el turbulento periodo del Reinado del Terror de la Revolución Francesa, cuando el apellido sonaba demasiado cercano a la monarquía. Recuperar hoy esa denominación es una declaración de identidad: una manera de enlazar el presente con uno de los capítulos más singulares de la historia de la maison.
Fundada en 1785 por Basile Charles Leroy, L. Leroy fue relojera del Imperio durante el reinado de Napoleón Bonaparte y de la Reina Victoria. Su prestigio quedó cimentado con 384 medallas de oro en concursos de cronometría y con piezas legendarias como el Leroy 01, considerado el reloj más complicado del mundo hasta 1989. Entre sus propietarios históricos figuran Marcel Proust, Henri Matisse, Frédéric Chopin y Franklin D. Roosevelt.
El nuevo Elyor se integra en la colección Osmior y adopta una elegante caja tipo tambor de 42 mm con apenas 11.88 mm de grosor. La pieza se ofrece en tres versiones de producción limitada: titanio grado 5, platino y oro rojo 18 quilates 5N. Cada una posee una personalidad propia gracias a sus esferas multicapa –plateada, azul cielo y antracita– coronadas por un refinado motivo Clous de Paris, uno de los acabados más emblemáticos de la relojería clásica.
La verdadera protagonista aparece a las seis en punto: un tourbillon volante visible a través de una amplia abertura y sostenido por un puente de titanio pulido espejo con el monograma de las dos “L” entrelazadas. Su jaula realiza una rotación completa cada minuto, creando ese espectáculo hipnótico que ha convertido al tourbillon en una de las complicaciones más admiradas de la relojería contemporánea.
En el interior trabaja el calibre automático L.Leroy L600, desarrollado en Ginebra exclusivamente para la Maison. Con 288 componentes, volante de inercia variable y 60 horas de reserva de marcha, incorpora por primera vez en la historia de la marca un micro-rotor integrado en la platina principal. Fabricado en Inermet, una aleación basada en tungsteno, este sistema permite reducir el grosor del movimiento sin comprometer la eficiencia de carga.
El nivel de acabados confirma la vocación artesanal de la pieza: perlado en la platina, puentes rodiados con biseles pulidos a mano, tornillos pulidos espejo y un micro-rotor decorado con relieves geométricos y superficies satinadas. Todo ello puede admirarse a través del fondo de zafiro.