El Duometre Heliotourbillon Perpetual de Jaeger-LeCoultre desafía los límites de la ingeniería.
La manufactura suiza presenta una creación que combina algunas de las complicaciones más sofisticadas de la relojería contemporánea con una estética de extraordinaria presencia, coronada por un exclusivo brazalete elaborado en platino 950.
La caja de 44 milímetros, también realizada en platino 950, reinterpreta con un lenguaje contemporáneo los históricos relojes de bolsillo savonette que La Grande Maison producía en el siglo XIX. Sus líneas redondeadas, el cristal convexo, el bisel pulido y la corona de profundas muescas crean un conjunto de refinada elegancia, mientras que el nuevo brazalete –integrado por 281 componentes– representa una auténtica proeza de diseño y ergonomía.
Su construcción de cinco eslabones alterna superficies cepilladas y pulidas para generar un atractivo juego de reflejos que realza la nobleza del metal.
La arquitectura de la esfera revela de inmediato la esencia del concepto Duometre, patentado en 2007. Su disposición triangular deja al descubierto los dos barriletes y los dos trenes de engranajes independientes que alimentan un único órgano regulador: uno dedicado exclusivamente a la indicación horaria y el otro a las complicaciones. Esta innovadora solución evita que las funciones adicionales afecten la precisión del reloj, uno de los grandes objetivos de Jaeger-LeCoultre desde hace décadas.
El gran protagonista es el espectacular Heliotourbillon, un mecanismo tridimensional que gira sobre tres ejes distintos para compensar los efectos de la gravedad terrestre. Construido con apenas 163 componentes y un peso inferior a 0.7 gramos, el sistema se apoya sobre rodamientos de bolas de cerámica para reducir al mínimo la fricción. Sus tres jaulas de titanio, impulsadas por un muelle espiral cilíndrico, realizan rotaciones de 30 y 60 segundos, creando un fascinante efecto visual semejante al movimiento de una peonza suspendida en el aire.
En su interior late el Calibre 388, fruto de ocho décadas de experiencia de la manufactura en el desarrollo del tourbillon. Con una frecuencia de 28,800 alternancias por hora, incorpora además un calendario perpetuo capaz de mantener su exactitud hasta el año 2100.
La gran fecha ubicada a las tres ofrece una lectura inmediata, mientras que el indicador del año bisiesto –patentado por la firma– resalta en rojo el último dígito correspondiente. A ello se suma una fase lunar cuya precisión alcanza los 122 años.
Incluso las superficies ocultas del movimiento reciben el mismo nivel de atención artesanal: biselados, pulidos a mano, perlados y franjas de Ginebra con efecto rayos de sol reflejan la filosofía de una manufactura que entiende que la excelencia también habita en aquello que permanece invisible.