¿Qué sucede cuando se unen un aficionado a los autos y miembro del Supercar Owners Circle (SOC) y Jaquet Droz?
Tras tomar a gran velocidad la curvas de Andermatt, en la región suiza, y del puerto de Oberalp, campo base de las excursiones primaverales del SOC, pilotos y coleccionistas de los autos más bellos se reúnen para disfrutar de un rato de convivencia y gastronomía.
Desde hace dos años, al lado del SOC se localizan las instalaciones de Jaquet Droz, donde el CEO, los diseñadores y los clientes comparten los mismos valores: autenticidad, excelencia y, por supuesto, el amor por la mecánica superior.
Al finalizar la mencionada cena, un coleccionista reveló al equipo de Jaquet Droz su pasión por su nuevo automóvil italiano, un magnífico V12 apreciado por los puristas por ser uno de los últimos que siguen produciéndose en el mundo. Un bólido que roza la perfección al aunar el confort de un GT con las prestaciones de un superauto.
No hizo falta nada más para servir de estímulo a la pluma de los diseñadores de Jaquet Droz. Al concluir la reunión, el equipo se retiró y luego de estudiar diversos proyectos que podrían dar vida a la pasión del afortunado propietario. Este, recibió al día siguiente los primeros bocetos.
A partir de entonces, como sucede con todas las piezas únicas, dio comienzo el proceso de producción conjunta. El propietario y el taller intercambiaron ideas, perfeccionando el diseño, eligieron los materiales y las técnicas que se utilizarían para el resultado final.
En el Studio 8 de Jaquet Droz, entre dos viajes a La Chaux-de-Fonds, el cliente se conectaba a distancia con las cámaras 4K del taller para seguir las etapas del prototipo y validar las orientaciones técnicas.
Y las decisiones llegaron al poco: caja de cerámica por su resistencia y ligereza, como el chasis de aluminio de su automóvil italiano. Jaquet Droz propuso la cerámica de plasma. Esta singularidad de la casa ofrece un resultado de cerámica mate y delicadamente arenada, de color gris asfalto, mientras que el material de base es blanco, una exclusividad resultante de una cocción en el horno a más de 20,000 °C.
El diámetro seleccionado para la caja fue de 42 mm con la mítica correa amarilla con hebilla desplegable mixta (de cerámica y acero). Aficionado a la mecánica superior, el cliente opta por el Tourbillon 8 Jours de Jaquet Droz.
En cuanto a la esfera, se hizo hincapié en las profesiones artísticas tradicionales con un motivo realizado exclusivamente a mano en pintura en miniatura. La decoración se realizó en una placa de cristal de zafiro colocada sobre un fondo de esfera de oro, que muestra en primer plano al bólido en la mítica curva del puerto Oberalp, y al fondo, las cimas nevadas de Andermatt.
Sin embargo, el mayor desafío solo podrá observarlo el propio coleccionista: la masa oscilante. El deseo era reproducir un rin de su modelo, pero este tipo de rin se encuentra entre las más complejas del mundo de la automoción, ya que están hechas de una aleación, su perfil es aerodinámico y están dotadas de un tapacubos amarillo, muy difícil de reproducir.
Los artesanos Jaquet Droz se pusieron manos a la obra y para favorecer el arrastre cinético, optaron por el oro blanco. Los 6 radios del «rin oscilante» están perfilados, en varios niveles, con una geometría helicoidal. La dificultad es excepcional: según el propio equipo de Jaquet Droz, nunca antes se había mecanizado en alta relojería un rotor tan complejo. Al final, luego de un desafío sin precedentes quedó una pieza única.