Navegar por la historia de la pintura 

El mar ha sido objeto de recreación artística y materia de inspiración para escritores, músicos, pintores, pensadores… “El agua del mar cura los males de todos los hombres”, señalaba el dramaturgo griego Eurípides. Navegamos por la historia de la pintura para destacar diez cuadros imprescindibles que elevaron el agua, con su carga simbólica, a suprema categoría estética. Materia o principio del universo, representación del abismo, metáfora de nuestra aventura existencial y tantas otras significaciones. Baudelaire, el poeta “maldito”, escribía en su memorable poema “El hombre y el mar”:

 

¡Para siempre, hombre libre, a la mar tú amarás!

Es tu espejo la mar; mira, contempla tu alma

en el vaivén sin fin de su oleada calma,

y tan hondo tu espíritu 

y amargo sentirás.

 

 

Cristo en la tempestad del mar de Galilea

Jan Brueghel (Bruselas, 1568-1625) nació en el seno de una familia de afamados pintores, hijo menor de Pieter Bruegel “el Viejo”, una de las grandes figuras del siglo XVI, y hermano de Pieter Brueghel II. Jan Brueghel es famoso por sus pequeñas pinturas de historia, realizadas a veces sobre cobre, sus bodegones de flores, las escenas alegóricas y mitológicas, y por sus escenificaciones del Paraíso. A partir de 1606, se convirtió en uno de los pintores de cámara no residentes en la corte de los archiduques Alberto e Isabel Clara Eugenia, regentes de los Países Bajos, cargo que mantuvo hasta su muerte. Colaboró con importantes artistas, como Rubens. El gran maestro Rembrandt, “Tormenta del mar de Galilea”, representaría la escena en otra pintura hacia 1633 aproximadamente.

 

 

Palacio Ducal y Plaza San Marco

Giovanni Antonio Canal (Venecia, 1697-1768), popularmente conocido como Canaletto. Las estampas de su ciudad natal eran muy apreciadas. El pintor italiano se inició en el arte de la mano de su padre, creador de escenografías para obras de ópera y de teatro. En esta obra representa una panorámica del Canal Mayor, la Plaza San Marco y el Palacio Ducal en lontananza, captando una escena costumbrista, y representado de forma realista los edificios. Estas pinturas eran muy apreciadas como estampas o souvenirs por los viajeros de la época. Canaletto tuvo una estancia artística en Inglaterra, motivado por los numerosos encargos de sus clientes. Venecia es una ciudad que integra de forma perfecta el agua en su paisaje urbano a través de sus canales.

 

 

Monje junto al mar

Caspar David Friedrich (Greifswald, 1774-1840) trabajó durante dos años en esta pintura fascinante, mientras él mismo estuvo sumido en una depresión. Desde su primera exposición ante el público, la obra fue muy valorada. Su arriesgada propuesta estética, pese a la aparente sencillez, provocó perplejidad en los círculos artísticos alemanes. El joven príncipe heredero Federico Guillermo adquirió la pintura en la exposición anual de la Academia de Berlín. Playa, mar y cielo en un plano. Se trata de una de las propuestas más radicales del romanticismo alemán. “Nada puede ser más triste y más insoportable que esta posición ante el mundo: ser la única chispa de vida en el amplio reino de la muerte, el solitario centro del círculo solitario. El cuadro con sus dos o tres misteriosos objetos se presenta como el apocalipsis…”, escribía Heinrich von Kleist al ver el imagen.  

 

 

La balsa de la Medusa

Jean-Louis André Théodore Géricault, conocido como Théodore Géricault (Ruan, 1791-1824), fue un pintor francés de singular genio, un artista romántico de vida corta e intensa. Este gran cuadro de casi cinco por más de siete metros muestra la dramática situación tras el naufragio del barco francés “Medusa”, mal dirigido por un capitán inexperto. Cerca de la costa occidental de África, los 365 pasajeros no encontraron botes suficientes para escapar del fatal accidente. Tras el naufragio, construyeron una balsa con los maderos de la fragata. Subieron a ella 149 personas, pero solo 15 sobrevivieron.  Movido por el triste suceso, Géricault investigó y realizó entrevistas a dos supervivientes para llevar a cabo esta obra. Visitó la morgue para descubrir el color y el relieve de los cadáveres y construyó una balsa a escala para llevar a cabo la reproducción.

 

 

La Gran Ola

No podía faltar en esta selección una muestra de arte asiático. En el género de la estampa japonesa, es la imagen más popular y conocida en el mundo. Se encuentra en colecciones de varios museos occidentales, como el British Museum de Londres, el Metropolitan Museum of Art de Nueva York y la Biblioteca Nacional de Francia. Esta estampa es la primera de la serie del artista japonés Katsushika Hokusai (Edo, actual Tokio, 1760-1849). Su serie “Treinta y seis vistas del Monte Fuji” se hizo popular a lo largo del siglo XIX. Centenares de copias llegaron a manos de artistas y coleccionistas gracias a los viajeros. El colorido tan marcado y la yuxtaposición de líneas onduladas evidencian la maestría del grabador y pintor japonés. Al fondo, se observa el volcán, cuya proporción minúscula pone de relieve la fuerza del mar, que amenaza a los navegantes. 

 

 

El "Temerario"

Joseph Mallord William Turner (Londres, 1775-1851), el gran pintor de la luz, reconocido por su estilo precedente al impresionismo. William Turner contaba con sesenta años cuando pintó esta obra. La nave jugó un papel destacado en la victoria de Nelson en la batalla de Trafalgar en 1805. El barco permaneció en servicio hasta 1838, cuando fue dado de baja y resguardado en el puerto de Sheerness, al oeste de Rotherhithe. El dominio de las técnicas de la pintura se refleja en la hermosa sugerencia del mar y el cielo. La escena representa los rayos del sol golpeando las nubes. El colorido es espectacular. Contrasta con el sentimiento de pérdida de la antigua nave de guerra, arrastrada por el moderno remolcador a vapor, más pequeño y prosaico.

 

 

Velero en Petit-Gennevilliers

Oscar-Claude Monet (París, 1840 – 1926) plasmó en el lienzo innumerables paisajes hermosos, llenos de colorido. En sus pinturas, la naturaleza es motivo fundamental. Maestro impresionista en la frontera del realismo, quiebra los límites entre la subjetividad y la objetividad.  El agua es una constante en diversas representaciones: regatas, barcos, playas, bañistas, plantas acuáticas… En los albores del siglo XX, la pintura comenzaba a descomponer el dibujo y sus perfiles en los componentes básicos de luz y color, anticipando la abstracción y los movimientos de vanguardia más experimentales. Monet emplea trazos pictóricos gruesos, a veces violentos, para ganar profundidad y crear la perspectiva de forma magistral, en contraste con la sombra del velero proyectada en el agua.

 

 

El pescador

Casi de un tamaño natural, esta obra desborda la composición. Plantado con firmeza entre el oleaje al borde de la playa, el pescador tensa su cuerpo, agarra la red y rastrea para cobrar la pesca. El mar y el cielo se funden en la imagen. Jozef Israëls (Groningen, 1824-1911), pintor neerlandés de origen judío, llevó a su paleta de colores un marcado espíritu romántico, inclinado su gusto por la figura humana. En muchas de sus composiciones se refleja una visión melancólica y algo angustiosa de la existencia. En la Exposición Universal de París de 1900 fue galardonado con dos premios por sus pinturas. La crítica compara su pincelada, sus colores cálidos y el uso del claroscuro con el trabajo de Rembrandt. Israëls enseñó a numerosos pupilos, entre ellos, a su hijo Isaac, también pintor.

 

 

Venus y un marinero

Salvador Dalí (Figueras, 1904-1989), figura capital del arte del siglo XX, representante conspicuo del surrealismo, la pintura más fantasiosa e imaginativa. En esta obra nos trae dos personajes paradigmáticos vinculados estrechamente a los relatos marinos. Por un lado, Venus, diosa del amor, representada magistralmente por Boticcelli en el famoso “Nacimiento de la Primavera”, emergiendo del mar; y por otro lado, la figura legendaria del marino, ya mitificada por historias como la de Jasón y los argonautas. Desde una perspectiva completamente moderna, Dalí representa a una prostituta y a un marinero en una casa de citas junto al puerto. El cuadro presenta trazos cubistas, formas voluminosas que representan el mundo sublimado del amor y el erotismo en este encuentro nocturno. La pintura es un homenaje de Dalí al poeta de la vanguardia catalana Joan Salvat-Papasseit tras su fallecimiento.

 

 

Martha McKeen de Wellfleet

Edward Hopper (Nyack, 1882-1967) fue célebre por sus retratos, que ilustraban de forma magnífica la vida en soledad. No obstante, además de las imágenes de Nueva York, también llevó a su paleta las vistas de los acantilados y las playas de Nueva Inglaterra. En esta obra de corte realista, la nitidez de las formas y sus colores vivos impregnan la pintura de un cierto aire “pop”. Hopper describe una tranquila mañana veraniega en el cabo Cod. Junto a un banco de arena, el barco rompe el suave oleaje sin mayor violencia. La frialdad de los tonos azules genera un juego atractivo con la luz y el color blanco de las velas. La baja perspectiva del mar y el predominio del cielo con las nubes en lontananza recuerdan a las técnicas compositivas de la pintura holandesa del XVII.

 

Texto: Leslie J. López ± Foto: IMAGES SHACK / MAX DEFAULT / MUSEO THYSEEN

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